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jueves, 27 de julio de 2017

Sobre las Fábulas del Antiguo Israel



     John Tiffany es el editor ayudante de The Barnes Review, y tiene un grado en biología de la Universidad de Michigan y ha estado escribiendo profesionalmente durante aproximadamente 30 años. El siguiente escrito suyo que hemos traducido apareció en The Barnes Review en su edición de Mayo-Junio de 2007, y trata acerca de los resultados a que han llegado diversos analistas e investigadores con respecto a la carencia de historicidad del Antiguo Testamento, citando varias referencias contenidas en distintos autores recientes y otros no tanto, situación que incomoda a muchos cristianos, cristianos sionistas y, ciertamente, a quienes se basan en dichos libros para justificar criminales situaciones políticas de hoy en día.


Fábulas del Antiguo Israel Siendo Ahora Diseccionadas
por John Tiffany
Mayo de 2007



     Los investigadores están evaluando la veracidad de los reinados del rey Salomón y el rey David en vista de los datos arqueológicos y científicos sólo recientemente descubiertos. Esos eruditos están apareciendo con algunas conclusiones muy interesantes.

     Muchos eruditos religiosos cristianos, como el conocido escritor Thomas L. Thompson, piensan que la historia de Palestina y sus pueblos es muy diferente de las narrativas del Antiguo Testamento, sin tener en cuenta las reclamaciones políticas. Una historia de la región durante los períodos del Hierro I y Hierro II deja poco espacio para cualquier historicidad en los relatos de los libros de Samuel y Reyes, dicen los críticos. Los principales medios de comunicación rara vez mencionan las críticas cristianas académicas de las antiguas leyendas por miedo a que ellos sean atacados por aquellos que creen que los hechos socavan la legitimidad misma de Israel.

     Prepárese para un importante trastorno del carretón de las manzanas. Desconocido por casi todos los laicos, un número enorme de eruditos silenciosamente ha concordado en un hecho histórico que volcará la totalidad de la "Historia de la Corte" cuando todos los hechos que ellos han reunido se hagan ampliamente conocidos.

     Ellos están de acuerdo en que los diversos cuentos del "Israel antiguo" son en gran parte ficticios. Basado sobre los hechos conocidos de la geografía, la Historia, la arqueología e incluso la erudición bíblica, muchos de ellos sostienen que no hubo ninguna entidad tal como el "Israel antiguo", que nunca existió. ¿Es posible que el antiguo Israel sea una patraña?.

     Si se trata de una patraña, entonces claramente el "Israel antiguo" es el fraude más provechoso de la Historia, con la posible excepción de su cuento de hadas gemelo, la visión de los "historiadores de la Corte" de lo que les sucedió a los judíos de Europa durante la Segunda Guerra Mundial (se ha afirmado que hubo una política sistemática de exterminio de ellos por parte del gobierno alemán; entre las afirmaciones específicas está que 6 millones de judíos fueron gaseados hasta la muerte; sin embargo, no hay ninguna prueba de nada de eso).

     A pesar de la naturaleza sensacional de estas conclusiones sobre el "Israel antiguo", ellas son, hasta ahora, casi totalmente desconocidas por el gran público, incluso por fanáticos de la Historia. Las universidades han estado poco dispuestas a enseñar los hechos, y muchos "pastores" cristianos se mantienen lejos de estas verdades como si ellos por eso llegaran a ser maldecidos por Dios mismo.

     Hubo un tiempo, no hace mucho, cuando uno simplemente no cuestionaba el Antiguo Testamento. Si éste decía que algo había sucedido en algún tiempo en el pasado, entonces aquello sucedió y así fue, sin tener en cuenta si había alguna otra prueba para el acontecimiento fuera de sus páginas. Nadie siquiera consideraba que pudiera ser ficticio. Pero hoy ése ya no es el caso.

     William G. Dever, en su muy interesante y extremadamente importante libro "¿Quiénes Eran los Antiguos Israelitas y de Dónde Vinieron Ellos?" (Who Were the Early Israelites and Where Did They Come From?, 2006) responde preguntas como "¿Existió realmente la Casa de David?", y "¿Es el rey Salomón una fantasía?". Dever era antes el jefe del departamento de estudios del Cercano Oriente de la Universidad de Arizona.

     La mayoría de los eruditos modernos consideran que la dinastía Davídica y sobre todo la historia del Éxodo son completamente ficticias.

     Hay muchas nuevas cosas bajo el Sol, a pesar de la declaración bíblica en contrario, y en décadas recientes se ha desarrollado una gran controversia entre la clerecía, aunque poco se ha escuchado (hasta ahora) sobre ella entre las masas: ¿Hasta qué punto puede el Antiguo Testamento, o partes de él, ser considerados como documentos históricos exactos?.

     Quizá el propio Antiguo Testamento puede contestar aquella pregunta: «Así dijo el Señor... No os acordéis de las cosas pasadas, ni consideréis las cosas de antaño. He aquí que hago una cosa nueva» (Isaías 43:18-19).

     Para ser un científico verdadero y honesto, hay que estar abierto a cambios de paradigmas, y, del mismo modo, ser un historiador verdadero, un estudioso de la Historia, es ser un revisionista. Comprender que lo que una vez creímos —aunque parecía tener sentido para nosotros en aquel tiempo— no es lo que deberíamos seguir creyendo, es el proceso intelectual esencial por medio del cual crece la sabiduría. Es notoriamente difícil para los científicos e historiadores más viejos y establecidos encontrarse desafiados a repudiar su trabajo de toda la vida, de modo que para que un nuevo punto de vista llegue a ser predominante a veces se requiere que nosotros esperemos a que los científicos e historiadores se mueran, como sucedió como con la Revolución Copernicana [1].

[1] John Donne, que escribió en 1611: "Y la nueva Filosofía pone todo en duda...", estaba preocupado de que las viejas respuestas ya no fueran capaces de ser consideradas como verdaderas. Pero la ciencia moderna ha inoculado desde hace mucho tiempo al hombre contra la permanencia de todas las respuestas. (Donne, "El Primer Aniversario", en Los Poemas de John Donne, editados por Sir Robert Grierson [Londres, 1933], pp. 205-218). Donne no estaba solo en su preocupación de que toda la coherencia hubiera desaparecido, y de que el orden natural estuviera cediendo el paso al desorden. (David H. Levy, "Starry Night: Astronomers and Poets Read the Sky", Nueva York, 2001).

     Tal como Copérnico derrocó la vieja noción de que el Sol gira alrededor de la Tierra, y cambió al Sol poniéndolo en el centro del universo (y ahora no es ni siquiera eso sino una estrella menor en una galaxia promedio, en un universo enorme que no tiene ningún centro) [2], del mismo modo, con el creciente conocimiento de la geografía, Jerusalén fue destronada de ser el centro del mundo, como está representado en el mapamundi que está en la catedral de Hereford (Inglaterra), hasta convertirse en una ciudad en los márgenes de la civilización [3]. Jerusalén ya no es el centro de nada, ni en la geografía ni en la Historia, excepto, por supuesto, en las mentes de los judíos.

[2] Finalmente la Iglesia Católica tuvo que tragar la astronomía Copernicana, por mandato del Santo Oficio, el 11 de Septiembre de 1822, casi tres siglos después de que fuera publicado De Revolutionibus Orbium Caelestium. Henry L. Mencken (p. 259) predijo que lo mismo sucedería con la teoría de la evolución.
[3] El Mappa Mundi en cuestión aquí es un pergamino de fines del siglo XIII atribuído a Richard de Holdingham. (Trilobite: Eyewitness to Evolution, de Richard Fortey, Nueva York, 2000, p. 191).


AMERIGO VESPUCCI

     Durante siglos, los eruditos occidentales generalmente supusieron que los "acontecimientos" del Antiguo Testamento como el exilio de los israelitas desde Palestina/Canaán y su retorno allí, realmente ocurrieron. La historia antigua de Palestina, fue dado por hecho, podía ser escrita simplemente parafraseando o (donde era necesario para evitar el conflicto con hechos conocidos) corrigiendo las historias de la Biblia. Sin embargo, eso comenzó a cambiar ya a principios del siglo XVI, con la publicación de la carta Novus Mundus de Amerigo Vespucci. Según Vespucci, en sus exploraciones del Nuevo Mundo, allí se encontraban diversos pumas, panteras y gatos monteses, muchos lobos, ciervos rojos, monos y felinos, monos de muchas clases y muchas grandes serpientes. Había, de hecho, tanta fauna que él concluyó que "tantas especies no pudieron haber entrado en el arca de Noé".

     Por otra parte, está el caso de James Ussher (1581-1656), arzobispo anglicano de Armagh, primado de toda Irlanda y vice-canciller del Trinity College en Dublín, que fue altamente considerado en su época como un clérigo y como un erudito. De sus muchas obras, su tratado sobre la cronología ha demostrado ser la más duradera, pero quizá también la más infortunada. Basada en una intrincada correlación de historias del Medio Oriente y del Mediterráneo y de las Santas Escrituras, fue incorporada en una versión autorizada de la Biblia impresa en 1701, y así llegó a ser considerada con casi tanta reverencia incondicional como la Biblia misma. Habiendo establecido el primer día de la creación como el domingo 23 de Octubre de 4004 a.C., Ussher calculó las fechas de otros acontecimientos bíblicos, concluyendo, por ejemplo, que Adán y Eva fueron expulsados del Jardín del Edén el lunes 10 de Noviembre de 4004 a.C., y que el arca de Noé aterrizó sobre el monte Ararat el 5 de Mayo de 1491 a.C., un miércoles.

     En su obra, el doctor John Lightfoot (1602-1675), vice-canciller de  la Universidad de Cambridge, un contemporáneo de Ussher y uno de los eruditos más eminentes de su tiempo en el campo de la lengua hebrea, declaró, como resultado de su estudio de las Escrituras, que "el cielo y la Tierra, el centro y la circunferencia, fueron creados todos juntos, en el mismo instante", y que "ese trabajo ocurrió, y el hombre fue creado por la Trinidad el 23 de Octubre de 4004 a.C., a las 9:00 horas de la mañana". Ésa sería la hora de Greenwich; el tiempo en el Jardín de Edén habría sido la medianoche. Lightfoot publicó sus cálculos en 1644, antes de que los de Ussher estuvieran completos. Es interesante que los dos eruditos, actuando de manera independiente, calcularan la misma fecha para la Creación, aunque Ussher no dio la hora del día para el acontecimiento. Eso puede tener algo que ver con el hecho de que ambos resultados se comparan, aproximadamente, con la fecha del calendario judío para el comienzo mismo del tiempo, el cual, presentado en nuestros términos, sería aproximadamente 3760 a.C.

     A medida que las ciencias de la geología y la astrofísica y estudios asociados comenzaron a nacer, con sus intervalos de millones y hasta de miles de millones de años (números que la gente en tiempos bíblicos probablemente no podría haber concebido), cronologías tales como las de Ussher y Lightfoot impidieron el progreso. Hoy, sin embargo, Lightfoot y Ussher se han convertido en el hazmerreír cuando generalmente se acepta que la Tierra tiene al menos 5.000 millones de años, y el universo conocido es quizá cuatro veces tan antiguo como la Tierra. (Unos cuantos científicos, como el astrónomo inconformista Tom van Flandern [4] incluso sostienen que el universo puede ser infinitamente viejo). Fenómenos tales como el Jardín de Edén y el Diluvio de Noé no pueden ser tomados literalmente por científicos modernos. Gradualmente la historicidad de acontecimientos remotos removidos de la "Creación" cada vez más fue puesta en cuestionamiento también. Lamentablemente, muchas personas hoy, conocidas como inerrantistas bíblicos [que sostienen que la Biblia no puede errar], rechazan considerar las pruebas, tanto internas como externas al Antiguo Testamento, que muestran que los antiguos cuentos de los "judíos" no son Historia.

[4] Tom van Flandern, "Dark Matter, Missing Planets and New Comets: Paradoxes Resolved, Origins Illuminated", Berkeley, California, 1993. Van Flandern encuentra muchos defectos en la teoría del Big Bang y tiene toda una cosmología de su propia ideación que es digna de atención.

     La crítica del "Antiguo Testamento como Historia" tiene una historia en sí misma. Benedicto (Baruj) de Spinoza, un judío que vivió en Amsterdam, escribió un libro revolucionario acerca de la Biblia, el Tractatus Theologico-Politicus, que apareció en 1670 en latín, y que después de ocho años fue traducido al francés. Aunque fuera prohibido por su chocante crítica del Antiguo Testamento, de alguna manera todas las personas importantes tenían una copia. Dicho Tratado forzó un serio debate sobre la confiabilidad de la Biblia como Historia y sobre la importancia de los llamados "antiguos judíos".


* * * *

     Realmente no hay tal cosa como los judíos antiguos. Los judíos, además, no son lo mismo que los judaítas, los cuales no son lo mismo que los israelitas, quienes deben ser distinguidos de los hebreos; y los israelíes son algo totalmente distinto. La confusión de estos términos trabaja enormemente para beneficio del movimiento en favor del sionismo político, pero es entendida por todos los eruditos de mente abierta [5].

[5] La palabra "hebreo", antiguamente escrita como "habiru", significa "uno que es desde más allá del río", es decir, un extranjero. En las escrituras egipcias, dicha palabra está emparejada con el término "sagaz", que significa "asesino" o "bandido".

     Aquél fue un impacto formidable sobre la inspirada inerrancia del Pentateuco (los cinco primeros libros del Antiguo Testamento, o, más exactamente, el Hexateuco, ya que el libro de Josué parece mostrar las mismas manos que escribieron el Génesis, el Éxodo, el Levítico, Números y Deuteronomio). Llamó la atención a muchos el que Henry L. Mencken llamara "transparentes imbecilidades" a los cinco libros, y sobre todo al Génesis, al incluír una docena o más de patentes imposibilidades geográficas e históricas. La respuesta de las autoridades constituídas fue suprimir el Tractatus, pero suficientes copias consiguieron llegar a las personas apropiadas, y desde entonces el Antiguo Testamento ha estado bajo una búsqueda y un examen devastadores. El primer colaborador prominente de aquel trabajo fue un sacerdote francés, Richard Simon, pero desde entonces los alemanes han tenido más que ver con dicha labor que cualquier otro pueblo, y por ello es común para los cristianos estadounidenses pensar en la así llamada Alta Crítica como una invención alemana, y ponen mucho de la culpa por ello sobre Adolf Hitler y el Káiser [6].

[6] Mencken, Henry L., Treatise on Gods, 2ª edición, Nueva York, 1946, reimpreso en 1997.

     Spinoza afirma como su conclusión general sobre informes escriturales de acontecimientos milagrosos ocurridos en la Historia, que todo lo realmente relatado en la Escritura como que hubo sucedido, necesariamente sucedió, como lo hacen todas las cosas, según las leyes de la Naturaleza. Y si algo puede ser encontrado que pueda demostrarse concluyentemente que ocurrió de manera contraria a las leyes de la Naturaleza, o que no ha sido capaz de seguirse de ellas, se debería creer simplemente que ha sido añadido a los textos sagrados por hombres sacrílegos (Tractatus Theologico-Politicus, VI, 51).

     El Tractatus fue el primer libro que analizó la Biblia sistemáticamente como si fuera un texto secular antiguo en latín o griego o en cualquier lengua antigua. Spinoza destronó a los hebreos e israelitas como los portadores de una verdad única y divinamente inspirada. No cabía la menor duda, para Spinoza, de que cualquier historiología válida tenía que negar completamente la posición central de lo que podría ser llamado "la experiencia bíblica".

     Se dice que los cuáqueros descartaron el Antiguo Testamento como "letra muerta".


EL PADRINO DE ESTADOS UNIDOS

     Thomas Paine, quien ha sido llamado "el Padrino de Estados Unidos", puso los fundamentos para la crítica histórica bíblica. Él escribió, en su influyente libro de 1795 "The Age of Reason":

     «No es la antigüedad de un cuento la evidencia de su verdad; por el contrario, ése es un síntoma de que es fabuloso, ya que mientras más antigua cualquier historia pretenda ser, más parecido tiene con una fábula. El origen de cada nación está sepultado en la tradición fabulosa, y la de los judíos es tan sospechosa como cualquiera otra» (Essai sur les Moeurs y l'Esprit des Nations et sur les Principaux Faits de l'Histoire depuis Charlemagne jusqu'â Louis XIII, Ginebra, 1756, conocido como el Ensayo sobre Moral) [7].

[7] Aquí hay una cita típica de La Edad de la Razón: "Hay una confusión asombrosa entre el orden histórico y el cronológico en el libro de los Jueces. Eso muestra el estado incierto y fabuloso del Antiguo Testamento. Según el ordenamiento cronológico, la toma de Laish, y el darle el nombre de Dan, se pretende que ocurrió 20 años después de la muerte de Josué, que era el sucesor de Moisés; y de acuerdo al orden histórico, como está en el libro, se supone que tuvo lugar 306 años después de la muerte de Josué, y 331 después de la de Moisés; pero ambos excluyen a Moisés de ser el escritor del Génesis, porque, según cualquiera de las declaraciones, no existió ningún lugar tal como Dan en tiempos de Moisés; y por lo tanto el escritor del Génesis debe haber sido alguna persona que vivió después de que la ciudad de Laish recibió el nombre de Dan; y quién fue aquella persona, nadie lo sabe, y por consiguiente el libro del Génesis es anónimo, y sin autoridad". Y esta otra: "Sáquese del Génesis la creencia de que Moisés fue su autor... y no queda nada del Génesis excepto un anónimo libro de historias, fábulas y absurdos tradicionales o inventados, o de evidentes mentiras. La historia de Eva y la serpiente, y la de Noé y su arca, están en el mismo nivel que los Cuentos Árabes, sin el mérito de ser entretenidas, y el relato de hombres que viven entre ochocientos y novecientos años llega a ser tan fabuloso como la inmortalidad de los gigantes de la mitología".

     La gente comenzó a preguntarse: ¿Es el Antiguo Testamento, entonces, simplemente una fábula antigua?.

     Estos asuntos fueron discutidos en todos lados, e incluso los apologistas de la ortodoxia, si ellos esperaban ser tomados en serio, tuvieron que usar los instrumentos del aprendizaje histórico y filológico.

     En la segunda mitad del siglo XIX se desarrolló en Alemania una escuela de crítica bíblica, de la cual Julian Wellhausen fue una figura principal. Ella desafió la historicidad [8] de las historias del Antiguo Testamento y afirmó que la historiografía bíblica fue formulada, y en gran medida realmente inventada, durante el exilio babilónico. Esos eruditos de la Biblia, los alemanes en particular, afirmaron que la historia de los hebreos, como una serie de acontecimientos que comienzan con Abraham, Isaac y Jacob, y que siguen durante el exilio en Egipto, la esclavitud allí y el éxodo, y que finalizan con la conquista de la tierra de Canaán y el establecimiento de las tribus de Israel, no era más que una reconstrucción posterior de acontecimientos que nunca realmente habían ocurrido, y que fue escrita con un propósito teológico.

[8] Tenemos que distinguir dos términos aquí: la "historicidad" del Antiguo Testamento, y su "autenticidad". Algunos autores invertirían las definiciones, pero como son usadas aquí, por la historicidad del Antiguo Testamento se quiere decir la correspondencia existente entre acontecimientos y personas descritos en el Antiguo Testamento, con acontecimientos que realmente ocurrieron y la gente que realmente vivió. La autenticidad del Antiguo Testamento significaría el grado hasta el cual Biblia como la conocemos hoy corresponde a lo que sus escritores originales tuvieron la intención de decir. Es un hecho conocido el que varios teólogos a través de los siglos han vuelto a escribir la Biblia para que satisficiera sus particulares agendas, un proceso que por lo general para empezar quitaría mérito a cualquier verdad histórica que pudiera haber en ella. Aquí no trataremos con el debate de la autenticidad, aunque podría ser notado al pasar que la Biblia, según los más modernos y respetados eruditos bíblicos, es una de las escrituras más manipuladas de la Tierra, con una autoría y un comienzos dudosos.

     Con la publicación en 1897 de "The Myths of Israel: The Ancient Book of Genesis with Analysis and Explanation of Its Composition" de Amos Kidder Fiske, se añadió más combustible al fuego. Fiske detalló cómo versiones diferentes e incompatibles de diversos acontecimientos fueron enmendadas bastante torpemente por quienquiera que compiló el Antiguo Testamento, como por ejemplo las versiones del Diluvio del Elohista y del Yahvista [supuestos redactores del Pentateuco en distintas etapas], que resultaron en contradicciones que serían intolerables en cualquier libro que pretenda presentar una cronología exacta [9].

[9] Un par de sitios web enumeran abundantes contradicciones históricas que hay en el Antiguo Testamento. Entre ellas, para mencionar sólo unas cuantas, están éstas: ¿Qué edad tenía Ocozías cuando él asumió el trono? "Veintidós años tenía Ocozías cuando él comenzó a reinar" (2 Reyes 8:26). "Cuarenta y dos años tenía Ocozías cuando él comenzó a reinar" (2 Crónicas 22:2) Cuando el jefe de los hombres fuertes de David levantó su lanza, ¿a cuantos hombres mató él a la vez? "Ochocientos" (2 Samuel 23:8). "Trescientos" (1 Crónicas 11:11). De "Losing Faith in Faith: From Preacher to Atheist", de Dan Barker. Barker afirma que hay miles de discrepancias en el Antiguo Testamento).

     Quizá hay contradicciones en otros documentos antiguos, como la Ilíada o la Epopeya de Gilgamesh también, pero de ser así, sólo un puñado de eruditos sabría al respecto, o les preocuparía, ya que la Ilíada no pretende ser Historia, ni tampoco disfruta, aunque importante, de la importancia central en nuestra cultura que tiene la Biblia.

     El "Treatise on the Gods" de Henry L. Mencken fue primero publicado en 1930. (Una segunda edición, en 1946, cambió pocas cosas de interés). Mencken indicó que "Tenemos [el mito del Diluvio] de los judíos, quienes lo consiguieron de los babilónicos, los cuales a su vez lo consiguieron de los sumerios". Él vio en el asunto del Diluvio el origen de la religión, con el primer sacerdote del mundo siendo una especie de cavernícola que atacó atrevidamente las crecientes aguas de una inundación con su garrote o lanza. Cuando las aguas coincidentemente retrocedieron, el hipotético chamán fue una celebridad inmediata dentro de su tribu o banda. Mencken escribió que «El Antiguo Testamento, como historia, está en un nivel muy inferior que la "Vida de Washington" de Parson Weems o que "La Cabaña del Tío Tom"».


HISTORIOGRAFÍA MODERNA

     En 1987 se publicó "La Biblia: Opiniones Críticas Modernas", una selección representativa de la crítica literaria bíblica. Robert Alter, escribiendo allí ("Historia Sagrada y los Comienzos de la Ficción en Prosa"), describió el Antiguo Testamento como "historia sagrada". Alter sugirió que las narrativas bíblicas deberían ser consideradas mejor como una ficción en prosa de apariencia historicista. Él escribió:

     «El caso de la historia sagrada de la Biblia, sin embargo, es bastante diferente del de la historiografía moderna. Existe, en primer lugar, un espectro entero de relaciones con la Historia en las diversas narrativas bíblicas, como trataré de indicar más tarde, pero ninguna de ellas implica el sentido de estar obligado a hechos documentables que caracterizan a la Historia en[su acepción moderna» (op. cit. p. 22).

     Hoy el clima de pensamiento ha cambiado todavía más en la dirección de Thompson, de modo que hay un grupo entero de eruditos que proponen que el Antiguo Testamento no nos proporciona pruebas adecuadas para construír una historia del Israel temprano. El Antiguo Testamento, están convencidos esos eruditos, pertenece a la misma categoría que otros antiguos mitos y literaturas, como la Epopeya de Gilgamesh y la Ilíada y la Odisea. De todos modos, debe haber alguna verdad histórica en el Antiguo Testamento, porque algunas de las cosas escritas allí han sido confirmadas por arqueólogos, tal como Heinrich Schliemann aparentemente confirmó los antiguos escritos homéricos descubriendo lo que pareció ser la ciudad perdida de Troya, alguna vez considerada por muchos eruditos como "nada más que un mito".

     Éste y otros casos similares indican que, a veces al menos, los mitos pueden ser un modo eficaz de preservar de buena fe un antiguo conocimiento y sabiduría [10].

[10] Un ejemplo es la obra fundamental "Hamlet's Mill: An Essay Investigating the Origins of Human Knowledge and Its Transmission through Myth", de Giorgio de Santillana y Hertha von Dechend (1969).

     Por otra parte, los cuentos antiguos como la saga de Odiseo y su encuentro con el Cíclope ciertamente no pueden ser tomados para implicar la existencia histórica o prehistórica de una raza de humanoides gigantescos de un solo ojo. (Es posible que dicho cuento fuera inspirado por alguien que encontró el cráneo fósil de un mastodonte; la apertura nasal centralmente localizada podría haber sido fácilmente malinterpretada como una cuenca de ojo). Del mismo modo, no podemos, como historiadores, demostrar del Antiguo Testamento que algunos de sus personajes, como Abraham, Isaac y Jacob, realmente existieron, al igual que no podemos hacer aquello con los personajes de las obras dramáticas y románticas de Shakespeare [11].

[11] En cuanto a Abraham, ¿qué podemos decir de una figura supuestamente histórica cuya historia de vida se conforma prácticamente en cada detalle al arquetipo del héroe mítico, sin que haya ninguna información "secular" o mundana en absoluto? Eso no demuestra que no existió ningún histórico rey David, ya que no es ilógico que un individuo histórico genuino pudiera haber llegado a ser celebrado de esa manera, e incluso deificado, y que su vida y carrera hubieran sido completamente asimiladas al arquetipo del héroe mítico, es decir, al rey Arturo. Pero si eso sucedió, ya no podríamos estar seguros de que hubo alguna vez una persona real en la raíz de todo el asunto. El vidrio de color se habría hecho simplemente demasiado grueso para mirar detenidamente a través suyo. Alejandro Magno, César, Ciro, Arturo y otros han sufrido ese destino. Lo que impide a los historiadores descartarlos como meros mitos, como lo hace Paul Bunyan, es que hay algún residuo. Conocemos al menos un poco de información mundana sobre ellos, quizá muy poco, que no forma parte de ningún ciclo de leyendas. O ellos están tan intrincadamente tejidos en la historia del tiempo que es imposible obtener algún sentido de aquella historia sin ellos, lo cual no ocurre con el rey David.

     Mientras que las contradicciones internas dentro del Antiguo Testamento pueden sugerir que algunos de esos individuos y acontecimientos son en parte o completamente ficticios, para la prueba de su historicidad debemos examinar otras fuentes, tanto en la forma de antiguos documentos extra-bíblicos como las pruebas de la arqueología.

     Por supuesto, ya deberíamos entender todos que muchos mitos antiguos contienen valiosos fragmentos de hechos, si podemos separar de alguna manera el trigo de la paja. Pero ciertamente esto no quiere decir que el mito sea Historia. La pregunta es: ¿cuánto de lo que parece Historia (o quizá deberíamos decir una crónica) en el Antiguo Testamento corresponde a acontecimientos reales que ocurrieron en la región?.

     La regla cardinal de la historiología es la búsqueda equilibrada de la verdad, y uno no la encuentra en un documento partidista como el Antiguo Testamento. No se requiere ser un gran erudito para comprender que la Torá es esencialmente un panegírico disfrazado como "historia mítica" de los israelitas, un pueblo ahora largamente extinguido, pero reclamados (con poca justificación real) como sus antepasados por los judíos modernos. Eso es lo que se conoce en alemán como Heilsgeschichte, una ficción piadosa santa y teológica, pero no verdadera historiografía. La historiología es una disciplina exigente, esencialmente una ciencia, y enormemente diferente en sus objetivos y métodos de los de la ficción o la teología. En historiología e historionomía, como en otras ciencias, no podemos decir, como Tertuliano, el antiguo padre de la Iglesia, es por lo general citado (o realmente citado incorrectamente): "Credo quia absurdum", o, más correctamente, "Credible est, quia ineptum est", "Lo creo porque es imposible de creer" [12].

[12] Dejaremos a un lado citas tales como la de Niels Bohr, el cual, hablando con un físico teórico más joven, se dice que dijo: "Su teoría es loca. Pero no es lo bastante loca para ser verdadera". Del mismo modo, el dicho común de que "La verdad es más extraña que la ficción" no es ninguna justificación para un enfoque falto de sentido crítico o de que "todo vale" en Historia. En el tratado de Tertuliano De Carne Christi, él habla en contra de Marción, cuya opinión era que la humillación implicada en el hecho de la Encarnación era indigna de Dios. Tertuliano responde a eso en un pasaje maravillosamente paradójico y profundamente espiritual: "Exceptúa a la única esperanza del mundo entero, tú que estás destruyendo el indispensable honor de nuestra fe. Cualquier cosa que sea indigna de Dios es ganancia para mí... El Hijo de Dios ha nacido; no estamos avergonzados, porque deberíamos estar avergonzados. Y el Hijo de Dios murió; eso es absolutamente creíble, porque es absurdo. Y estando sepultado Él se levantó otra vez; aquello es cierto, porque es imposible" ("Natus est Dei Filius; no pudet quia pudendum est; y mortuus est Dei Filius; prorsus credibile est quia ineptum est; y sepultus resurrexit; certum est quia impossibile").
     Para un científico, esto está a la par con la declaración de la Reina Roja a Alicia de que era su práctica regular "creer seis cosas imposibles cada día antes del desayuno". El hecho de que la física teórica, e incluso las matemáticas, la reina de las ciencias, tenga abundancia de paradojas, es una cuestión aparte.
     De cualquier modo, la Historia, que está llena de giros y vueltas inesperados, exige pruebas, no verosimilitud. Tal como una mariposa que revolotea sus alas de una cierta manera casualmente en Pekín puede hacer que ocurra un tornado en Kansas, como los teóricos del caos nos informan, del mismo modo el curso de la Historia mundial podría ser completamente cambiado por una trivialidad tal como la casual longitud de la nariz de una mujer (Cleopatra). Es, de hecho, la ficción la que exige la verosimilitud; y ésta es la base para el argumento de Thompson para beneficio de un enfoque literario del material bíblico. De todos modos, cuando lo que es promovido como Historia es simplemente demasiado fantástico para ser creíble, se hace necesario echar una mirada más cercana a los hechos verificables, ya que, como los científicos podrían decir, un escenario extraordinario requiere una prueba extraordinaria.


ASPECTOS SÓRDIDOS

     Si bien es verdadero que el Antiguo Testamento refleja muchos aspectos sórdidos de las vidas de sus personajes, lo que es sorprendente en una obra supuestamente destinada a glorificar a esos "padres fundadores de la fe" (como el incidente en el cual el rey David trama la muerte de Urías de modo que él pueda tener acceso a la esposa de aquél), está claro que cuando esos cuentos comenzaron a ser registrados, los israelitas comenzaron a producir un mito étnico que explicara y glorificara sus orígenes, su superioridad, y que justificara su reclamación especial de la tierra de Canaán/Palestina, de la cual ellos, de un modo u otro, habían tomado posesión, y para exaltarse a sí mismos sobre todos los otros pueblos y a sus dioses sobre todas las otras deidades.

     Por ejemplo, mientras los escribas israelitas reconocieron la descendencia común de los "ismaelitas", como ellos llamaron a los árabes, desde su gran antepasado Abraham, ellos los relegaron a una relación inferior con la historia de la criada egipcia y su hijo. De manera similar lo hicieron con los madianitas, edomitas y los especialmente odiados moabitas y amonitas, quienes fueron colocados en otra línea.

     Hay poca razón para creer que el "David" de la Biblia sea realmente una persona. Él puede haberse derivado de dos o tres Davides diferentes de la Historia o Prehistoria real, quien llegó a ser confundido en la evolución de las leyendas que finalmente dieron origen al Antiguo Testamento. Por ejemplo, considere al David que supuestamente mató a Goliat: muchos académicos han notado las semejanzas entre el antiguo y famoso cuento popular egipcio La Autobiografía de Sinuhé y el relato bíblico de David y Goliat. No hay ninguna razón para suponer que ese pequeño egipcio creció para llegar a convertirse en un rey de Israel.


LA TIERRA DE CANAÁN

     A Noé, por supuesto, convenientemente se le hace decir: "Maldito sea Canaán; un criado de criados él será para sus hermanos", haciendo supuestamente legítimo para los israelitas ayudarse entre sí en la tierra de Canaán, robando y asesinando a sus habitantes. Luego está la maldición contra Cam, la maldición contra Caín, etcétera, de modo que en sus propias historias, sólo el pueblo israelita es bendecido.

     Tal como con el Corán, que está siendo cuestionado ahora en cuanto a su historicidad por revisionistas como Ibn-Warraq [13], Paul Fregosi [14] y otros, varios eruditos están apareciendo ahora para analizar, bajo una luz crítica, los aspectos históricos del Antiguo Testamento. La mayor parte de los eruditos no afirman que el Israel antiguo no existiera en absoluto (tal como los revisionistas islámicos no disputan que alguna persona como el Mahoma del Corán existiera). Más bien la pregunta es si se trató de un gran Imperio, como indica el Antiguo Testamento, y si individuos bíblicos tales como Abraham o Moisés, por ejemplo, alguna vez existieron en la vida real.

[13] Autor de "Why I Am Not a Muslim" y de "The Quest for the Historical Muhammad".
[14] Autor de "Jihad in the West".

     ¿Podría el así llamado Imperio de Israel realmente ser una versión disfrazada del Imperio egipcio, como el revisionista Ahmed Osman razona?. ¿Podría realmente el Emperador David ser un faraón egipcio, que llegó a ser confundido con un caudillo israelita que también fue llamado David?.

     Los documentos egipcios antiguos no parecen referirse a Moisés, a menos que él fuera realmente Ahmose I, el fundador de la 18ª dinastía, como cree el revisionista Ralph Ellis (usted notará las semejanzas de "Ahmose" con "Moisés"). Tampoco hay ninguna indicación de que alguna vez haya ocurrido un Éxodo, a menos que ésa sea una interpretación deformada de la expulsión del pueblo de los hicsos [15].

[15] "Tempestad y Éxodo", de Ralph Ellis, 2000.

     Ya que el acontecimiento describe la salida de una fuerza de trabajo de miles de personas y detalla la devastación de Egipto por una serie de plagas, tal omisión por parte de los egipcios es extraordinaria, si es que tal acontecimiento realmente ocurrió.

     Keith W. Whitelam [16], George Mendenhall, Niels Peter Lemche [17], Philip R. Davies [18], la "escuela de Copenhagen", e incluso algunos judíos distinguidos como Israel Finkelstein (profesor y presidente del departamento de arqueología en la Universidad de Tel-Aviv) [19], y el arqueólogo israelí principal Ze'ev Herzog, han llegado a conclusiones muy similares.

[16] Autor de "The Invention of Ancient Israel".
[17] Autor de "The Israelites in History and Tradition", y de "Prelude to Israel’s Past: Background and Beginnings of Israelite History and Identity".
[18] Autor de "Scribes and Schools: The Canonization of the Hebrew Scriptures".
[19] Autor con Neil Asher Silberman de "La Biblia Desenterrada: La Nueva Visión de la Arqueología del Antiguo Israel y el Origen de Su Texto Sagrado".

     El excelente libro de Whitelam, La Invención del Antiguo Israel: El Silenciamiento de la Historia Palestina (1996), tiene una bibliografía de 14 páginas, indicativo de la seriedad de la erudición que entró en su innovador estudio, que sostiene que el "antiguo Israel" fue una invención de los historiadores de la Corte, a la imagen de un Estado europeo. El "antiguo Israel" como es generalmente entendido, nunca existió, y esa ficción ha impedido un apropiado entendimiento de la historia de Palestina, argumenta él. Whitelam es un profesor de estudios religiosos y jefe de dicho departamento en la Universidad de Stirling en Gran Bretaña.

     Entre otras cosas, los revisionistas "minimalistas de la Biblia" afirman haber determinado que los hechos de los patriarcas (Abraham, Isaac y Jacob) son legendarios, y que los israelitas no moraron en Egipto, ni llevaron a cabo un "éxodo", ni tampoco conquistaron la tierra de Palestina o Canaán (Palestina occidental).

     Moisés, como tal, probablemente no existió históricamente, sino que es un individuo legendario derivado de una mezcla de diversas fuentes politeístas y personajes reales como Sargón de Acad y el faraón Akenatón de Egipto, de un modo más o menos parecido a como el legendario "Robin Hood" británico surgió como un compuesto de varios dioses imaginarios y de diversas personas que realmente vivieron en algún momento en el oscuro pasado. Se trata de un folklore muy interesante, y realmente tiene alguna base en la verdad, pero no califica como Historia exacta de ninguna manera.

     Tampoco hay ninguna mención, fuera de la Biblia, del glorioso Imperio de David y Salomón, aparte de, a lo sumo, como un pequeño reino o monarquía tribal. Es razonable conjeturar, a partir de la evidencia disponible, que el rey Saúl, el rey David y el rey Salomón fueron, si es que algo, los reyes de una nación muy menor y no algún gran Imperio. Jerusalén, parece, no era nada más que una "ciudad de vacas", la capital de un pequeñísimo Estado en las tierras altas al Norte del pueblo. Mencken se refiere a esa gente como "una pequeña tribu de beduinos del desierto, tan obscura y sin importancia que la Historia secular apenas los conoce" (p. 287).

     Spinoza trató con «...ideas falsas en cuanto a la verdadera autoría de los libros sagrados, comenzando con el Pentateuco. Se cree casi universalmente que el autor es Moisés, una opinión tan obstinadamente defendida por los fariseos que ellos han considerado cualquier otra opinión como una herejía» (Tractatus VIII, 161).

     El punto es importante porque la autoría mosaica fue considerada como la garantía de la verdad del texto. De acuerdo a la Confesión de Westminster de 1658 (una declaración de los principales Protestantes ingleses), Yahvé garantizó la transmisión de su mensaje a Moisés y conservó el texto mosaico perfectamente en todas las transmisiones desde entonces [20].

[20] "The Cambridge Companion to Spinoza", de Don Garett, editor, Cambridge, 1996, p. 386.

     Spinoza menciona que Aben Ezra, un rabino español medieval (ca. 1090-1165), quien escribió un importante comentario sobre la Biblia, "un hombre de mente culta y considerable aprendizaje... fue el primero, hasta donde sé, en llamar la atención hacia esa falsa idea". "Aben Ezra" parece ser una forma corta del nombre del rabino; Henry L. Mencken se refiere al rabino español del siglo XVII como Abraham ben-Meir ibn-Ezra, y declara: "Él desenterró muchos absurdos, pero tuvo que ser muy cuidadoso en cuanto a la discusión de ellos, y no fue sino hasta 500 años más tarde que nació algo adecuadamente descriptible como la crítica científica del Antiguo Testamento". Ibn Ezra está, entre los eruditos judíos medievales e intérpretes de la Torá, sólo después de Rashi en el alcance de su influencia y en el respeto que se le ha concedido. Su obra más famosa, que analiza el Pentateuco, que es generalmente conocida como su Comentario a la Torá, fue al principio titulada El Libro del Honrado (Sefer ha-Yashar), que también resulta ser el nombre de una obra que es citada en la propia Biblia (el Libro de Jasher; p. ej., en Josué 10:13). La última parte de la vida del rabino fue pasada vagando en la pobreza por Italia, Provenza, Francia, Inglaterra, Egipto y Palestina. Parece que él puede haber terminado viviendo en Marruecos. Fue durante sus vagabundeos que él formó la mayor parte de sus muchas e influyentes obras literarias.


¿MOISÉS ESCRIBE SOBRE SU PROPIA MUERTE?

     Entre otros problemas notados por Ibn-Ezra estaba el hecho de que Moisés supuestamente escribió detalladamente sobre su propia muerte [21]. El reconocimiento de la autoría no-mosaica comenzó a tener repercusiones serias y severas en la década de 1650, en los escritos de Thomas Hobbes, Isaac La Peyrère, Samuel Fisher y luego Spinoza. Todos ellos parecen haber conseguido su opinión de manera directa o indirecta de Ibn-Ezra. Durante la Revolución Puritana, una variedad de críticos conocidos por la Historia con vistosos nombres tales como Vociferantes, Niveladores y Buscadores (Ranters, Levelers y Seekers), rechazó la Biblia por toda clase de motivos, incluyendo los problemas obvios en los que habían profundizado los eruditos críticos del Antiguo Testamento, incluída la afirmación de que Moisés no podía haber escrito acerca de su propia muerte.

[21] Problemas similares existen en cuanto a Isaías, por ejemplo. El profeta Isaías tradicionalmente se ha supuesto que escribió el libro de Isaías; pero mientras es muy probable que él haya escrito partes de ello, "la idea de que él ha escrito todo es completamente imposible. En varios capítulos de él realmente se habla en tercera persona. Tres documentos principales han sido separados del libro, pero hay también otros menores, y dos capítulos enteros parecen estar sacados físicamente del libro 2º de Reyes. El libro de Isaías ha tensado la erudición bíblica de manera muy incómoda, y muchos de los problemas que presenta están todavía bajo una furiosa discusión. La literatura sobre el tema es casi interminable, y es muy difícil de leer" (Mencken, p. 200).

     Podemos concluír sin peligro que las narrativas del Antiguo Testamento del pasado claramente no son Historia, ni fueron escritas en algún momento cerca de las épocas de las cuales ellas hablan, sino que más bien reflejan los objetivos políticos de sus muy posteriores autores. Así por lo tanto, es ahora parte del consenso académico el que las narrativas patriarcales del Génesis no registran acontecimientos de un presunto período patriarcal sino que son retroyecciones hacia un pasado sobre el cual los escritores sabían poco, reflejando las intenciones de los autores en el posterior período de composición. Es ingenuo, entonces, aceptar servilmente la opinión de que Yahvé hizo la promesa de progenie y tierra a Abraham según la manera indicada en Génesis cap. 15 [22].

[22] "Confronting the Bible’s Ethnic Cleansing in Palestine", de Michael Prior, publicado por Americans for Middle Eastern Understanding Inc., vol. 33, Nº 5, Diciembre de 2000.

     En primer lugar, como con las atrocidades israelíes modernas contra el pueblo palestino, eso sería horriblemente inmoral (trate de leer la narrativa desde el punto de vista del bando inocente a ser exterminado, es decir, con los ojos de los cananeos). En segundo lugar, aquello es contra-histórico.

     Los eruditos ahora están de acuerdo, de manera prácticamente unánime, en que el antiguo Israel no llegó a existir mediante la conquista tribal relatada en Josué caps. 1-12. Fuera de la Biblia, no tenemos ninguna prueba de alguna conquista hebrea. La evidencia arqueológica apunta en una dirección totalmente diferente. Ella sugiere una secuencia de períodos marcados por una fusión gradual y pacífica de pueblos dispares que se convirtieron en un grupo de habitantes de una región montañosa cuyo logro de un nuevo sentido de unidad culminó sólo con la entrada de la administración asiria. Los asentamientos de la Edad del Hierro en las colinas centrales de Palestina, a partir de los cuales se desarrolló el posterior reino de Israel, reflejan una continuidad con la cultura cananea y rechazan cualquier distinción étnica entre cananeos e israelitas. Los orígenes inmediatos de Israel, entonces, estuvieron dentro de Canaán, no en algún sitio fuera de allí.

     El silencio arqueológico es un problema del cual a los partidarios de la inerrancia bíblica no les gusta hablar. Mientras, según la Biblia, las diversas tribus israelitas fueron unidas durante un tiempo en una nación poderosa durante los reinados del rey David y su hijo Salomón, el registro arqueológico es silencioso con respecto a esos reyes, salvo dos debatidas inscripciones que algunos piensan que pueden ser referencias a "la casa de David". Esto es raro, considerando que las referencias a otros reyes de mucho menor importancia bíblica, como Omri, Ajab, Yehú y Sedequías, han sido claramente encontradas en archivos extra-bíblicos. Si bien ese silencio obviamente no puede demostrar que David y Salomón no existieron, ciertamente da a los historiadores racionales la pausa para preguntar. Suponiendo que ellos existieron realmente, ellos fueron ciertamente de una importancia global mucho menor en la vida real que la que les asigna el Antiguo Testamento.


LOS SIONISTAS CRISTIANOS AYUDAN

     Estas conclusiones han sido manifestadas entre los eruditos durante años, pero los sionistas políticos (sobre todo los de tipo Jerry Fallwell) son gente obstinada, y hasta hace poco nadie quería oír hablar al respecto. A los israelíes y a otros sionistas políticos (un segmento considerable de la población cristiana) les gusta creer que los israelíes modernos son los descendientes de aquellos maravillosos israelitas de la Antigüedad, y ciertamente ellos usan los mitos del Antiguo Testamento para justificar la ocupación judía de Palestina, aunque irónicamente la mayor parte de los judíos hoy, incluyendo la clase ashkenazi dirigente en Israel, no descienden de ningún pueblo del Medio Oriente sino de los pueblos del Imperio jázaro de lo que hoy es el Sur de Rusia [23]. Incluso la minoría sefardí de judíos hoy es una raza tan mezclada que parece que ellos sólo pueden reclamar una conexión muy tenue con los antiguos israelitas.

[23] Digno de citar en conexión con esto es un pasaje del destacado escritor judío Arthur Koestler. Él contó esta curiosa pero poco conocida historia en su libro de 1976 "La Decimotercera Tribu": «La gran mayoría de los judíos que sobreviven en el mundo es de origen europeo del Este, y así principalmente jázaro. De ser así, esto significaría que sus antepasados vinieron no del Jordán sino del Volga, no de Canaán sino del Cáucaso... y que genéticamente ellos están más estrechamente relacionados con las tribus de hunos, uigures y magiares que con la semilla de Abraham, Isaac y Jacob. Si éste resultara ser el caso, entonces el término "anti-semitismo" quedaría desprovisto de sentido... La historia del Imperio jázaro, a medida que emerge lentamente del pasado, comienza a parecer el fraude más cruel que la Historia haya perpetrado alguna vez». Confirmando a Koestler, un conocido judío francés, el profesor Maxime Rodinson, ha observado: «Es muy probable que los llamados habitantes árabes de Palestina... tengan mucho más de la "sangre" de los antiguos hebreos que la mayor parte de los judíos de la diáspora, cuya exclusividad religiosa de ninguna manera les impidió absorber a conversos de varias religiones». Será seguramente reconocido, entonces, que el hecho de que tal gente denuncie a los árabes palestinos como "anti-semitas" por resistir al apoderamiento de parte de jázaros-sionistas de sus milenarios hogares y tierras, debe estar cerca de la altura (o profundidad) de lo que esa gente afectadamente llama "chutzpah" [desvergüenza, descaro] (Talk about Hate, de William N. Grimstad, 1999).

     Thompson ha pasado su carrera académica ocupado en esta controversia bíblica, investigando las entrelazadas historias arqueológicas de Israel y Palestina. Él ha concluído que el Antiguo Testamento no es un documento histórico sino que debería ser considerado como una obra de ficción, más bien una novela histórica que un libro de texto de Historia. Thompson sostiene, sin embargo, que entender el Antiguo Testamento como literatura ficticia no tiene que debilitar necesariamente su verdad espiritual e integridad para los cristianos, y esto es importante.

     Thompson cree: "Cómo [el Antiguo Testamento] está relacionado con la Historia, ha sido muy mal entendido. Como hemos estado leyendo [dicho texto] dentro de un contexto que ciertamente es el incorrecto, y como [lo] hemos entendido mal debido a eso, tenemos que buscar un contexto más apropiado. Por consiguiente, comenzaremos a leer [el Antiguo Testamento] de una nueva manera".

     Thompson es actualmente un profesor del Antiguo Testamento en la Universidad de Copenhagen. El libro "The Mythic Past: Biblical Archaeology and the Myth of Israel" de Thompson pretende separar el Antiguo Testamento de la Historia a fin de entenderlo en sus propios términos, en el contexto que sus autores pretendieron. Mientras partes de dicho libro valoran la investigación y el análisis por sobre la legibilidad, está organizado para ayudar a los aspirantes a eruditos a gestionar la enorme y compleja historia de la comprensión bíblica.

     Habría que señalar que Thompson escribió un tomo magistral en 1992, "Early History of the Israelite People", de 482 páginas, con una extensa bibliografía de aproximadamente 900 libros, que profundizan con detención en las cuestiones implicadas en la historicidad o no historicidad de la Biblia. Su libro "The Mythic Past" es en gran parte una popularización de la compendiosa y detallada, altamente profesional pero difícil de leer, "Early History of the Israelite People".

     Muchos eruditos ya ven al Antiguo Testamento como literatura y no como un reportaje de hechos, pero las ideas de ellos no han sido fácilmente accesibles para el gran público, ni tal pensamiento es bienvenido por el cristiano promedio. Incluso los escépticos religiosos generalmente tienden a pensar que es de mal gusto ventilar esos sensibles asuntos. Y muy poca gente corriente avanzará por un libro o revista acerca de erudición bíblica académica o de arqueología escrita en una pomposa prosa calculada para poner a dormir a la mayor parte de los lectores.

     El cambio de Thompson en el modo en que vemos la Biblia es la culminación de siglos de crítica bíblica, pero es sin embargo todavía radical. El cristianismo occidental siempre ha narrado una gran historia épica de salvación basada en la Biblia: la creación, la caída, el diluvio, los patriarcas, Moisés, el éxodo y la ley, la conquista, los jueces, los reyes y los profetas, y el prometido Mesías. Estamos invitados ahora a ver la historia entera como una proyección hacia atrás y como mítica.

     Leer el Antiguo Testamento como Historia, dice Thompson, es distorsionarlo. En palabras de Thompson, "la apropiación fraudulenta de textos antiguos para objetivos contrarios a las intenciones de la tradición, que dos generaciones de uso teológico del Antiguo Testamento han estimulado ahora, es uno de aquellos comunes abusos del intelecto" que "contribuye a la contaminación del océano de nuestro lenguaje".

     A diferencia de algunos otros que analizan críticamente el Antiguo Testamento, Thompson no llega a ser cínico, dejando al lector con un deseo de "basurear" la Biblia entera; después de todo —uno podría verse tentado a preguntar—, si la Biblia, constantemente mencionada por los fundamentalistas como la "palabra de Dios" [24], no es literalmente verdadera, entonces ¿cuán buena es ella? Por el contrario, Thompson encuentra un enorme valor espiritual y filosófico en esas historias, recordándonos que los cuentistas bíblicos nos estaban transmitiendo la sabiduría de las épocas, del mismo modo como no exigimos que las historias presentadas en las obras de Shakespeare, incluso en las llamadas obras históricas, sean literalmente verdaderas.

[24] Tan temprano como el siglo XVII, surgieron controversias en cuanto a la teoría de la inspiración de la Biblia, que condujeron a ciertos teólogos a cambiar la fórmula de "La Biblia es la Palabra de Dios" a "La Biblia contiene la Palabra de Dios".

     Hay incluso un buen contenido histórico en el Antiguo Testamento, mientras se esté dispuesto a contemplar la posibilidad de que uno realmente esté leyendo acerca de egipcios o hicsos o sumerios que han sido remodelados como "israelitas". Por supuesto, se hace una tarea complicada e intrincada distinguir la verdad de la ficción y las distorsiones. Debemos tener en cuenta que cuando la Biblia fue redactada, el moderno concepto de escritura de la Historia no existía.

     Sea como fuere, ciertamente ha pasado ya mucho tiempo desde que se debió haber reconocido que la Biblia no es una colección de textos religiosos sino más bien una mezcolanza de documentos antiguos (muchos refundidos), algunos de los cuales no tienen ningún contenido religioso en absoluto, mientras unos pocos pueden inclinarse incluso hacia el escepticismo religioso (el libro del Eclesiastés se viene a la mente; vea "The Style of Koheleth" de Robert Gordis, en The Bible de Harold Bloom). Escritos por numerosos autores diferentes, muchos de ellos desconocidos, los contenidos de la Biblia son una mezcla de bueno, malo y mediocre, y con bastante frecuencia contradictorios. Se requiere una lectura muy selectiva de ella si uno quisiera conseguir un mensaje moral positivo de aquel material, mucho del cual es derechamente inmoral. (Usted no oirá hablar sobre aquellos pasajes a su "pastor" local).

     Sin embargo, el Antiguo Testamento es ciertamente uno de los libros más influyentes de siempre en el mundo occidental. Es para muchos una parte vital de nuestra herencia y, como tal, tiene que ser correctamente entendido por lo que es, y lo que no es. El libro "The Mythic Past" consigue ese objetivo y lo logra en una manera fácilmente comprensible, poniendo la visión "minimalista" a disposición del lector promedio por primera vez.


LA INHUMANIDAD DEL HOMBRE CON RESPECTO AL HOMBRE

     Ha habido ciertamente acontecimientos bastante tristes, chocantes y enfermantes en la historia real de la inhumanidad del hombre hacia el hombre. A excepción de unos pocos libros inocuos como Ruth, Proverbios y la Canción de Salomón [Cantar de los Cantares], el Antiguo Testamento es uno de los tomos más empapados en sangre que uno pudiera esperar encontrar alguna vez. Así, muchos revisionistas sienten que deberíamos sentirnos quizá aliviados, e incluso regocijados, de que algunas horrorosas y espeluznantes matanzas descritas allí (como la conquista armada de Canaán por los israelitas) pueden haber sucedido nunca en absoluto. Lamentablemente, es una apuesta segura el que los sionistas, incluyendo a los sionistas cristianos, no darán la bienvenida a las noticias de que los antiguos israelitas no mataron a los cananeos nativos hasta algo como el grado que el Antiguo Testamento lleva a creer.

     El libro de Thompson puede no cubrir mucho que no ha sido cubierto por otros eruditos en el pasado, pero es a pesar de eso un volumen polémico. Cualquier tentativa de cuestionar la confiabilidad de las descripciones históricas bíblicas es percibida (y con justa razón) como tendiente a debilitar el presunto derecho histórico de los judíos a las tierras de Palestina (quienes señalan algunos pasajes ambiguos en el Antiguo Testamento para "demostrar" que ellos son el "pueblo elegido de Yahvé"), y como la destrucción del mito de la nación de bandidos que supuestamente está renovando el antiguo reino de Israel. Lamentablemente, la verdad nunca es tan monetariamente provechosa como una astuta sarta de mentiras, como la red que han tejido los sionistas judíos y sus tontos embaucados los sionistas cristianos.

     Muchos cristianos seguirán yendo como turistas a Israel y darán dinero al gobierno israelí, convencidos de que Moisés y David existieron y de que el Antiguo Testamento es literalmente verdadero, sin tener en cuenta las discrepancias.

     Thomas Paine, por su parte, murió sin amigos y en la pobreza porque él no suavizaría sus palabras en cuanto a la verdad como él la veía, sino que habló y escribió de manera franca y directa. En esencia, él fue un mártir de la verdad. Voltaire fue perseguido y obligado a trasladarse de una nación a otra para evitar al "monstruo" ("Ecrasez l'infame", o "Aplastad a la bestia de la persecución", él era aficionado a decir a sus seguidores). Thomas L. Thompson, como ya se señaló, también ha sufrido en tiempos muy recientes por sus opiniones honestas y académicas. Pero a pesar de todo los revisionistas se sienten moralmente obligados a perseguir siempre la verdad no importa a qué costo.

     Las míticas leyendas de Moisés, Josué, el rey David, Salomón, etcétera, son en gran parte falsificaciones. Los mitos del Antiguo Testamento no son más válidos que la antigua creencia griega y romana en un panteón de dioses idiosincrásicos y psicológicamente inestables. Pero puesto que el Israel de hoy deriva su misma legitimidad para su estructura de Estado (y para el continuado genocidio en Palestina) de esos antiguos cuentos de hadas, parecería que la verdad histórica en este caso socava el fundamento mismo del moderno Estado de Israel.–




BIBLIOGRAFÍA

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—Bright, John, A History of Israel, 4ª ed., Westminster, 2000.
—Dever, William G., What Did the Biblical Writers Know and When Did They Know It?: What Archaeology Can Tell Us about the Reality of Ancient Israel, 2002.
—Dever, William G., Who Were the Early Israelites and Where Did They Come From?, 2006.
—Miller, James Maxwell, A History of Ancient Israel and Judah, 2ª ed., Westminster, 2006.
—Perdue, Leo G., Reconstructing Old Testament Theology: After the Collapse of History (Overtures to Biblical Theology), Augsburg, 2005.
—Smith, Mark S., The Origins of Biblical Monotheism: Israel’s Polytheistic Background and the Ugaritic Texts, Oxford, 2003.
—Thompson, Thomas L., Early History of the Israelite People: From the Written & Archaeological Sources, 2000.
—Thompson, Thomas L., The Mythic Past: Biblical Archaeology.




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